La educación para la sexualidad es uno de los objetivos del trabajo educacional y se encuentra dirigida a la preparación estudiantil relacionada con el encuentro feliz, pleno y responsable con su sexualidad, en correspondencia con sus necesidades y las de su contexto.
Con el fin de resolver las carencias que poseen los docentes y la familia en su preparación para orientar a los adolescentes en el desarrollo de su educación para la sexualidad y de forma particular en la asunción de los cambios psicosexuales que se operan en su personalidad con una visión integral, las autoras de este trabajo proponen un sistema de acciones para la educación de la sexualidad en los adolescentes.
Este trabajo tiene extraordinaria importancia en la actualidad para la prevención de conductas llamativas, y otros aspectos de interés como los referidos a la disminución de las relaciones sexuales precoces, la maternidad temprana, etcétera, que suelen ser la causa en la mayoría de los casos de la deserción escolar.
La prevención
del embarazo de
adolescentes es un asunto de responsabilidad. Este mal se produce por fallas
del sistema de protección de niños, niñas y adolescentes, porque alguien
incumplió con su deber o por hechos de irresponsabilidad personal, familiar,
judicial o social.
La responsabilidad
personal se impone en el caso de los hombres jóvenes o adultos que abusan de
niñas que pueden ser sus hijas y a las que tienen el deber de proteger y
cuidar, no seducir con manipulaciones o abuso de poder asociado a la asimetría
de edad, al prestigio espiritual o a la posición económica.
Responsabilidad
familiar le exigimos a los padres y madres en el cumplimiento de las
obligaciones legales y morales que tienen frente a sus hijos e hijos menores de
edad.
La
ley 136-03 establece que la familia es responsable, en primer término, de asegurar
a los niños, niñas y adolescentes el ejercicio y disfrute pleno y efectivo de
sus derechos fundamentales y que tienen responsabilidades y obligaciones
comunes e iguales en lo que respecta al cuidado, desarrollo, educación y
protección integral de sus hijos e hijas.
El
cumplimiento de la responsabilidad paterno filial es impostergable en una
sociedad que es indiferente ante padres y madres que, en vez de cumplir sus
deberes de protección, son un peligro para los hijos e hijas que engendraron.
Padres
o madres que en lugar de orientar a las adolescentes hacia un plan de vida y
procurar su desarrollo, se descuidan de sus estudios, de sus relaciones, de sus
salidas y, muchas veces, hasta las explotan en trabajo infantil en las calles,
las prostituyen o las convierten en una fuente de recursos económicos.
Responsabilidad
exige la sociedad a la justicia, que por incompetencia, indolencia o
ignorancia, permite la impunidad de abusos sexuales de niños o niñas por
ausencia de pruebas de penetración, por sobornos o por presión social.
La
responsabilidad de prevenir el embarazo en adolescentes es de todos y todas.
Empecemos por educar bien a nuestros hijos e hijas pequeños. Inculcar en ellos
y ellas el auto cuidado, el reconocimiento de su dignidad y la responsabilidad
que tienen frente a su vida y su futuro. Enseñémoslos a decir no, a ser
asertivos. A
tomar decisiones inteligentes y de visión de largo plazo.
En
esta etapa, en la que ya hemos debido avanzar mucho en la educación sexual de
nuestros hijos e hijas, debemos insistir en:
Proporcionarles información completa y
ajustada a su realidad, adelantándonos a sus inquietudes. Este aspecto
es fundamental porque van a comenzar a experimentar muchos cambios, no sólo
corporales, para lo que es conveniente que les preparemos, que no les “pillen
desprevenidos”.
Educar en responsabilidad. Hay que
aceptar que son ellos y ellas las que van a decidir y, consecuentemente, desechar
la idea de trasmitir normas o límites. Debemos reconocer su capacidad para ser
dueños y dueñas de su vida y reforzar su capacidad para tomar decisiones
responsables.
Seguir ofreciendo un entorno familiar en
el que sea normal hablar y expresar nuestra sexualidad, con sinceridad, en
positivo, sin prejuicios, sin estereotipos, sin mentiras… con el objetivo
de comprender y atender a las necesidades, sentimientos, situaciones… que
nuestras hijas e hijos experimentan. En ocasiones, nos precipitamos a hablar y
trasmitir los mensajes que creemos importantes y se nos olvida escucharles y
atenderles. Aprovechamos para tocar los temas que nos interesan sin prestar
atención a si son los mismos que les interesan a ellos.
Potenciar sus sentimientos de competencia,
la percepción positiva que tienen de sí mismos, de sus habilidades y
posibilidades. Todo ello será fundamental para afrontar las situaciones que
se les puedan plantear.
Ayudar a nuestros hijos e hijas en la identificación
y expresión de sus sentimientos. En esta etapa, caracterizada por cierta
impulsividad, por la gran influencia que el entorno social tiene en nosotros,
por la expresión desmedida de las emociones… será importante hacer presentes
las emociones y no centrarse sólo en las conductas.
La
adolescencia es una etapa más de la vida en cada persona. La primera es la
infancia, continúa con la adolescencia, y sigue con la edad adulta y la vejez.
La adolescencia comienza con la pubertad, y es el paso de la infancia a la vida
adulta. En general se acepta que el inicio de la adolescencia está
señalado por los cambios anatómicos y fisiológicos que se producen en
el organismo y que suelen ser progresivos -en las chicas los primeros cambios
suelen aparecer sobre los 10-11 años y en los chicos entre los 12-13 años. La
pubertad son los cambios corporales que se producen principalmente debidos a
las hormonas sexuales (testosterona, progesterona y estrógeno), también
influyen los aspectos genéticos individuales y la alimentación.
La adolescencia, según la Organización Mundial de la Salud, se divide en
dos periodos: el primero entre los 10 y los 14 años y el segundo entre los 15 y
los 19 años; así el concepto de juventud se sitúa entre los dos
periodos, entre los 10 y los 19 años.
Durante la adolescencia se producen muchos cambios en muy poco tiempo, es un
proceso psicológico unido al crecimiento social y emocional que surge en cada
persona.
El periodo de la pubertad en ambos sexos dura unos cuatro años, aunque las
chicas empiezan a desarrollarse unos dos años antes que los chicos. Es muy
importante señalar que el final de la adolescencia está determinado,
sobre todo, por factores sociales; se considera que un o una adolescente
deja de serlo cuando es reconocido y admitido como adulto en su comunidad.
Desde el punto de vista psicológico y social, cada persona sigue madurando
afectiva y sexualmente a lo largo de toda su vida, mejora su conocimiento
personal y va delimitando sus deseos y necesidades individuales
“¿De
donde vienen los niños?,la educación sexual
comienza a edades muy tempranas y debe abordar los diferentes aspectos
englobados en ella de manera paulatina y acorde al desarrollo evolutivo de
nuestros hijos o hijas. Debe ser rigurosa, objetiva y completa sin olvidar los
aspectos biológicos, psíquicos y sociales, entendiendo la sexualidad como
comunicación humana, fuente de placer y de afectividad.
Lo primero que sabemos
de nuestros hijos o hijas, es su sexo. Antes de verlo o de abrazarlo, y sólo
con saber si es niño o niña, comenzamos a imaginar a qué jugará, cómo será su
vida, la profesión que elegirá… y lo hacemos (sin darnos cuenta) en base a lo
que entendemos que le corresponde a cada uno de los sexos, en base a
estereotipos de género que no harán sino dificultar la expresión y el
significado que él o ella le quiera dar a su sexo.
No debemos olvidar
que el sexo no determina una manera de ser, sentir… ni gustos o aficiones.
Perder esto de vista, sólo dificultará el desarrollo integral de nuestros hijos
e hijas, incluyendo en éste el desarrollo sano y placentero de su sexualidad.
La educación sexual
está conformada por aspectos corporales, afectivos, cognitivos y relacionales y
a todos ellos, debemos atender.
En lo que respecta
a los aspectos corporales, los niños y niñas tienen que descubrirse,
conocerse y quererse. Por ello no es extraño que se auto exploren y busquen la
manera de generarse sensaciones agradables en las zonas del cuerpo más
sensibles (labios y boca, genitales, lóbulos…). Ante estas conductas debemos
trasmitir normalidad y, en niños y niñas de más edad, explicarles que
determinadas conductas se realizan en la intimidad.
Tras descubrir su
propio cuerpo tomarán conciencia de las diferencias con el otro sexo y
comenzarán a sentir curiosidad, querrán ver a papá y mamá desnudos o podemos
encontrarnos con que se han enseñado con otro niño o niña “lo que tienen”. Esta
situación nos puede resultar incómoda, sin embargo es desde la
perspectiva del adulto desde la que el desnudo y los genitales tienen
connotaciones sexuales, para los niños y niñas sólo se trata de curiosidad.
Es importante en
este momento, hablarles del pudor y de la intimidad, de que hay personas que
sienten más vergüenza que otras o que no quieren mostrarse desnudas y que eso
es algo que hay que respetar.
La educación para la sexualidad es uno de los objetivos del trabajo educacional y se encuentra dirigida a la preparación estudiantil relacionada con el encuentro feliz, pleno y responsable con su sexualidad, en correspondencia con sus necesidades y las de su contexto.
Con el fin de resolver las carencias que poseen los docentes y la familia en su preparación para orientar a los adolescentes en el desarrollo de su educación para la sexualidad y de forma particular en la asunción de los cambios psicosexuales que se operan en su personalidad con una visión integral, las autoras de este trabajo proponen un sistema de acciones para la educación de la sexualidad en los adolescentes.
Este trabajo tiene extraordinaria importancia en la actualidad para la prevención de conductas llamativas, y otros aspectos de interés como los referidos a la disminución de las relaciones sexuales precoces, la maternidad temprana, etcétera, que suelen ser la causa en la mayoría de los casos de la deserción escolar.