La prevención
del embarazo de
adolescentes es un asunto de responsabilidad. Este mal se produce por fallas
del sistema de protección de niños, niñas y adolescentes, porque alguien
incumplió con su deber o por hechos de irresponsabilidad personal, familiar,
judicial o social.
La responsabilidad
personal se impone en el caso de los hombres jóvenes o adultos que abusan de
niñas que pueden ser sus hijas y a las que tienen el deber de proteger y
cuidar, no seducir con manipulaciones o abuso de poder asociado a la asimetría
de edad, al prestigio espiritual o a la posición económica.
Responsabilidad
familiar le exigimos a los padres y madres en el cumplimiento de las
obligaciones legales y morales que tienen frente a sus hijos e hijos menores de
edad.
La
ley 136-03 establece que la familia es responsable, en primer término, de asegurar
a los niños, niñas y adolescentes el ejercicio y disfrute pleno y efectivo de
sus derechos fundamentales y que tienen responsabilidades y obligaciones
comunes e iguales en lo que respecta al cuidado, desarrollo, educación y
protección integral de sus hijos e hijas.
El
cumplimiento de la responsabilidad paterno filial es impostergable en una
sociedad que es indiferente ante padres y madres que, en vez de cumplir sus
deberes de protección, son un peligro para los hijos e hijas que engendraron.
Padres
o madres que en lugar de orientar a las adolescentes hacia un plan de vida y
procurar su desarrollo, se descuidan de sus estudios, de sus relaciones, de sus
salidas y, muchas veces, hasta las explotan en trabajo infantil en las calles,
las prostituyen o las convierten en una fuente de recursos económicos.
Responsabilidad
exige la sociedad a la justicia, que por incompetencia, indolencia o
ignorancia, permite la impunidad de abusos sexuales de niños o niñas por
ausencia de pruebas de penetración, por sobornos o por presión social.
La
responsabilidad de prevenir el embarazo en adolescentes es de todos y todas.
Empecemos por educar bien a nuestros hijos e hijas pequeños. Inculcar en ellos
y ellas el auto cuidado, el reconocimiento de su dignidad y la responsabilidad
que tienen frente a su vida y su futuro. Enseñémoslos a decir no, a ser
asertivos. A
tomar decisiones inteligentes y de visión de largo plazo.




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